La brújula marca el norte, por seguir la marcación hacia allá me dirijo.
Llego y hay un mundo, otro, o el mismo, pero más arriba, o más al norte, por qué será que siempre el norte nos parece más arriba, si al final lo único que está claramente arriba es el cielo y que no me digan que en el polo sur no hay cielo, bien abajo que parece, y tiene arriba. Y si como es arriba es abajo, entonces no se le puede negar a todo que está arriba, tanto como está abajo.
Allá por el norte, sur de otro norte, experimento la trágica aventura de vivir entre millones. Uno al lado del otro, por suerte en este nivel no tenemos el problema de arriba-abajo, está clarito que no se puede estar más ni menos arriba que nadie, como mucho hay quienes pretenden estar más (o menos) cerca del cielo.
Allá, por estos nortes cercanos, demasiada información extraña me hace sentir extranjera. Allá me arriesgo como si algo hubiera que ganar o perder. Me arriesgo a unir, me arriesgo a sacar, exponer, poner, cantar. Y ese riesgo no supone solo valor, también me enfrenta a la desconfianza, y me propone la mentira. Vivo ficciones, para poner en juego la elección. Y cuanto más ficción me rodea, más elecciones se proponen, y más difícil decidir, y más fácil a la vez, total, es un juego. Y me pregunto por la constante, que se me pierde en una brújula, cuya única constancia es el norte magnético, y me siento imán, según el lado que muestre: atracción o rechazo. En esta zona de experiencias, como sólo palabras entiendo, hablo. Si pudiera entender otra cosa me callaría.
Cuando me detiene la voluntad, y me obliga a olvidar idiomas, abandono la brújula, y sin necesitar su marca vuelvo al sur, como perro que no precisa miguitas de pan para deshacer el camino andado. Y desando. La información norteña me persigue un rato, luego vuelve hacia su origen, y como ya entiendo un poquito más la cosa, me propongo sin propuesta entregarme al silencio.
Ya en el sur me encuentro con otro mundo, o el mismo, un mundo que alejado de ficciones se pierde posibilidades de conocer el valor, pero también evita la desconfianza. Mentira hay por todos lados, como puedo ver aquí y allá, y a modo de consuelo de tonto, eso me tranquiliza, para no espantarme.
Aparece entonces la angustia, manifiesta en inacción en un lugar, acción en el otro, y no es respectiva la cosa, es itinerante.
Me pregunto donde anda mi camino, si andar o desandar, si jugar o abandonar, si soy o no soy, si verdad o mentira, si norte o sur.
A veces querría encontrar la brújula que no me marque el norte, tampoco que me marque el sur, que simplemente me diga: acá podés quedarte, ¿para que ir hacia otro lado?
Después de haberme perdido, me dirijo al fin a la búsqueda de otro punto cardinal, que no precisa brújula para orientarme en este espacio, ni relojes para contar los tiempos:
Dónde está el este por donde nacerá el sol, para seguirlo hacia el oeste donde me silenciará el ocaso.
.
Llego y hay un mundo, otro, o el mismo, pero más arriba, o más al norte, por qué será que siempre el norte nos parece más arriba, si al final lo único que está claramente arriba es el cielo y que no me digan que en el polo sur no hay cielo, bien abajo que parece, y tiene arriba. Y si como es arriba es abajo, entonces no se le puede negar a todo que está arriba, tanto como está abajo.
Allá por el norte, sur de otro norte, experimento la trágica aventura de vivir entre millones. Uno al lado del otro, por suerte en este nivel no tenemos el problema de arriba-abajo, está clarito que no se puede estar más ni menos arriba que nadie, como mucho hay quienes pretenden estar más (o menos) cerca del cielo.
Allá, por estos nortes cercanos, demasiada información extraña me hace sentir extranjera. Allá me arriesgo como si algo hubiera que ganar o perder. Me arriesgo a unir, me arriesgo a sacar, exponer, poner, cantar. Y ese riesgo no supone solo valor, también me enfrenta a la desconfianza, y me propone la mentira. Vivo ficciones, para poner en juego la elección. Y cuanto más ficción me rodea, más elecciones se proponen, y más difícil decidir, y más fácil a la vez, total, es un juego. Y me pregunto por la constante, que se me pierde en una brújula, cuya única constancia es el norte magnético, y me siento imán, según el lado que muestre: atracción o rechazo. En esta zona de experiencias, como sólo palabras entiendo, hablo. Si pudiera entender otra cosa me callaría.
Cuando me detiene la voluntad, y me obliga a olvidar idiomas, abandono la brújula, y sin necesitar su marca vuelvo al sur, como perro que no precisa miguitas de pan para deshacer el camino andado. Y desando. La información norteña me persigue un rato, luego vuelve hacia su origen, y como ya entiendo un poquito más la cosa, me propongo sin propuesta entregarme al silencio.
Ya en el sur me encuentro con otro mundo, o el mismo, un mundo que alejado de ficciones se pierde posibilidades de conocer el valor, pero también evita la desconfianza. Mentira hay por todos lados, como puedo ver aquí y allá, y a modo de consuelo de tonto, eso me tranquiliza, para no espantarme.
Aparece entonces la angustia, manifiesta en inacción en un lugar, acción en el otro, y no es respectiva la cosa, es itinerante.
Me pregunto donde anda mi camino, si andar o desandar, si jugar o abandonar, si soy o no soy, si verdad o mentira, si norte o sur.
A veces querría encontrar la brújula que no me marque el norte, tampoco que me marque el sur, que simplemente me diga: acá podés quedarte, ¿para que ir hacia otro lado?
Después de haberme perdido, me dirijo al fin a la búsqueda de otro punto cardinal, que no precisa brújula para orientarme en este espacio, ni relojes para contar los tiempos:
Dónde está el este por donde nacerá el sol, para seguirlo hacia el oeste donde me silenciará el ocaso.
.
bueno, caray... sin palabras.
ResponderBorrarcoque
...para mí Carucha es todo un tema de brújulas.
ResponderBorrarQuien las hace tan explicitamente correctas para saber donde está nuestro norte y nuestro sur?
Como sea , siempre andamos buscando la seguridad.Aunque lo diga un aparatito ínfimo pero simpaticón.
Firma:
La generación sin relojes =)
Y por que siempre estamos en el sur?? Y por que siempre hay que buscar el norte como si fuera lo correcto?? Cuando no sabemos que hacer o donde estamos, decimos: Perdi el norte.
ResponderBorrarHoy tengo mas preguntas que respuestas, pero vos Car, con este post, pareces haber entendido mas de una direccion.
Estas mas clara y precisa de lo que vos misma crees.
te quiero tanto amiga
y por que firmas anonimo!!!??!!
ResponderBorrarjajaajaj
te quiero amigaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Como dijo el gran poeta contemporaneo, R.A, "Si el norte fuera el sur..." Que grande!
ResponderBorrarAhora en serio, muy lindo lo que escribis!!!! La brujula la llevamos dentro nuestro y vamos para donde queremos, asi deberia ser al menos... Vos ya sabes para donde tenes que ir!!!!!
Caroooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!11 te quiero y te extranooooooooooooooo!!!!! Besotes!